Señor, enséñanos a orar...

La oración es una práctica muy poderosa que requiere perseverancia, humildad, fe y de manera muy especial, el reconocimiento de que tenemos a Dios como Padre amoroso que por encima de nuestras debilidades nos ama incondicionalmente. Cuando a Jesús le preguntan por la oración, respondió de la siguiente manera:

Les dijo: «Cuando recen, digan:

Padre, santificado sea tu Nombre,

venga tu Reino.

Danos cada día el pan que nos corresponde.

Perdónanos nuestros pecados,

porque también nosotros perdonamos

a todo el que nos debe.

Y no nos dejes caer en la tentación.»

(Lc.11,2-4)

 

Seguidamente abordaremos algunos conceptos muy importantes en relación a esta extraordinaria oración.

El Padre: Santificado sea tu nombre

  • Éxodo 6,4 Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios, es Yahvé-único. Y tú amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy, repíteselos a tus hijos…
  • Reconocer la paternidad y divinidad de Dios es fundamental para comprometerse a vivir según sus enseñanzas, cumplir con sus mandatos, visto de otra manera, quien ama es fiel, este principio es indivisible pues resultaría inaudito que una persona le diga a su conyugue que le ama, pero que no le será fiel, con el Señor sucede lo mismo, ¡si lo amas… demuéstralo! Que tus acciones digan más que tus palabras.

El Reino de Dios que viene al mundo.

  • El Reino de Dios es para nosotros lo más importante. Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Última Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre:
  • Esta petición es el “Marana Tha”, el grito del Espíritu y de la Esposa: “Ven, Señor Jesús”:

La petición del pan (plural, no solo el mío) de todos los días.

  • Danos”: es hermosa la confianza de los hijos que esperan todo de su Padre. “Hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45) y da a todos los vivientes “a su tiempo su alimento” (Sal 104, 27). Jesús nos enseña esta petición; con ella se glorifica, en efecto, a nuestro Padre reconociendo hasta qué punto es Bueno más allá de toda bondad.
  • Además, “danos” es la expresión de la Alianza: nosotros somos de Él y Él de nosotros, para nosotros. Pero este “nosotros” lo reconoce también como Padre de todos los hombres, y nosotros le pedimos por todos ellos, en solidaridad con sus necesidades y sus sufrimientos.
  • “Nuestro pan”. El Padre que nos da la vida no puede dejar de darnos el alimento necesario para ella, todos los bienes convenientes, materiales y espirituales. En el Sermón de la Montaña, Jesús insiste en esta confianza filial que coopera con la Providencia de nuestro Padre (cf Mt 6, 25-34). No nos impone ninguna pasividad (cf 2 Ts 3, 6-13) sino que quiere librarnos de toda inquietud agobiante y de toda preocupación. Así es el abandono filial de los hijos de Dios:

«A los que buscan el Reino y la justicia de Dios, Él les promete darles todo por añadidura. Todo en efecto pertenece a Dios: al que posee a Dios, nada le falta, si él mismo no falta a Dios» (San Cipriano de Cartago,

El perdón, petición y compromiso.

  • Esta petición es sorprendente. Si sólo comprendiera la primera parte de la frase, —“perdona nuestras ofensas”— podría estar incluida, implícitamente, en las tres primeras peticiones de la Oración del Señor, ya que el Sacrificio de Cristo es “para la remisión de los pecados”. Pero, según el segundo miembro de la frase, nuestra petición no será escuchada si no hemos respondido antes a una exigencia. Nuestra petición se dirige al futuro, nuestra respuesta debe haberla precedido; una palabra las une: “como”.
  • Nos volvemos a Él, como el hijo pródigo (cf Lc 15, 11-32) y nos reconocemos pecadores ante Él como el publicano (cf Lc 18, 13).
  • Lucas 36-38 "Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan, serán medidos ustedes.»"

Actitud cristiana frente al mal en el mundo.

  • Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos “deje caer” en ella. Traducir en una sola palabra el texto griego es difícil: significa “no permitas entrar en” (cf Mt 26, 41), “no nos dejes sucumbir a la tentación”. “Dios ni es tentado por el mal ni tienta a nadie” (St 1, 13), al contrario, quiere librarnos del mal. Le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce al pecado, pues estamos empeñados en el combate “entre la carne y el Espíritu”. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza.
  • “No entrar en la tentación” implica una decisión del corazón: “Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón [...] Nadie puede servir a dos señores” (Mt 6, 21-24). “Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu” (Ga 5, 25)

¡Qué difícil es perdonar a quien nos ha ofendido! Es lo que dijo el Papa Francisco improvisando durante la catequesis de este miércoles en la Audiencia General en la Plaza de San Pedro.

Al hablar de la oración del Padre Nuestro en la Misa, el Papa hizo la siguiente reflexión. “Para ser dignos de recibir el perdón de Dios nos comprometemos a perdonar a quien nos ha ofendido. Y esto no es fácil, ¿eh? Perdonar a las personas que nos han ofendido no es fácil, es una gracia que debemos pedir: ‘Señor, enséname a perdonar como tú me has perdonado a mí’. Pero es una gracia, con nuestras fuerzas no podemos”.

El Papa Francisco añadió que “de esta manera, mientras nos abre el corazón a Dios, el Padrenuestro nos dispone también al amor fraterno”. “En definitiva, pidamos a Dios que nos ‘libere del mal’ que nos separa de Él y nos divide respecto a nuestros hermanos”.

“Comprendamos bien que estas son peticiones muy convenientes para prepararnos a la Santa Comunión”.

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