¿Qué clase de cura es usted?

Esta frase que se presenta en la última película sobre la biografía de Don Bosco (del director Ludovico Gasparini) ilustra el discernimiento vocacional que hace nuestro santo ante varias opciones pastorales, una vez ordenado en 1841.

Don Bosco era un hombre de realidades. Él mismo había sufrido la pobreza, el hambre que obligaba a miles de muchachos a emigrar de sus pueblos (de Asti, o de otros lugares del Monferrato, o suizos o de Biella y Novara, de Lombardía y del Valle de Aosta) hasta Turín para buscar empleos que les permitieran  llevar comida a sus hogares; muchos de ellos eran huérfanos, pues era común que los jefes de hogar murieran en las guerras  civiles por  la unificación de Italia  o por enfermedades desconocidas para los campesinos pobres. No faltaban los muchachos que, al no encontrar empleo, robaban para conseguir el alimento, o quienes en un ambiente contaminando por la malicia, por la promiscuidad sexual o la corrupción de algunos adultos, caían presos en las peores condiciones.

 Guiado por Don Cafasso, un director espiritual sensible a las necesidades de los muchachos más pobres, Don Bosco tiene la oportunidad de visitar cárceles de jóvenes (entre 12 y 18 años) y experimentar los muchos peligros a los que estaban expuestos esos pequeños delincuentes; “ Constaté en muchas ocasiones que las recaídas de muchos se debían a que estaban completamente abandonados. Fue cuando pregunté... y si estos chicos allá afuera tuvieran un amigo que se interesara por su bien, los acompañara y los instruyera en la religión los días festivos, ¿No reduciría el número de los que vuelven a la cárcel?

Fue a partir de esta providencial inquietud que Don Bosco, de nuevo, se puso en manos de  Don Cafasso, quien lo orientó en el descernimiento vocacional de su misión y de su pastoral preventiva. El mismo Cafasso orienta a Juan para que haga un Oratorio en los patios de la Residencia Eclesiástica. En efecto el encuentro entre el santo y Bartolomé Garelli marca el inicio de la entrega total de Don Bosco para los jóvenes.

Con el tiempo la Residencia Eclesiástica no fue suficiente para albergar a la creciente cantidad de muchachos que buscaban un momento de encuentro: con Dios a través de los sacramentos, con sus amigos, con una familia que no tenían y, ante todo, con Don Bosco, un amigo, un padre, un sacerdote y un educador. El 20 de octubre de 1844, Don Bosco y sus jóvenes emigran al “Refugio”, una obra erigida por la Marquesa de Barolo para las muchachas pobres de Valdocco y de las que él era capellán. Inician así un éxodo oratoriano, originado por la cantidad de muchachos, los alborotos que generaban y, sobre todo, por el temor de las autoridades civiles de que el sacerdote organizara un grupo contra el gobierno con los chicos delincuentes y peligrosos. Es importante recordar que ésta es unan época de crisis política. La unificación de Italia y la secularización, suscitaron múltiples brotes violentos. Sin embargo, la preocupación de nuestro santo fue siempre la de formar a sus jóvenes para que fueran buenos cristianos y honrados ciudadanos, darles una parroquia, una casa, un patio y una escuela; Don Bosco se mantenía al margen de las situaciones partidistas políticas, no así de la realidad social y económica de los turinenses ni de los conflictos que afectaban a la iglesia; él, ante todo, fue sacerdote.