Cuando las personas se aman, hablan, comparten, se sacrifican y se defienden mutuamente en el seno de una familia, hablamos de calor de hogar y de humanización, lo antes dicho parafraseando al Rector Mayor de los Salesianos en su aguinaldo para este 2017.
Que riqueza tan grande le confiere la familia al ser humano, en ocasiones perdemos de vista que nos ayuda a comprender la génesis del amor, la entrega, lealtad, fidelidad, alegría, esperanza, fe y demás valores que le brotan fecundos en esa relación biológica y espiritual que es la familia.
Dios da la cara en el amor que se profesan los cónyuges ese amor auténtico que está por encima del odio, el desamor, la venganza, los añejos rencores que no permiten mirar al frente (Por tanto, si has traído tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y ofrece tu ofrenda. Mt. 5,23), o sea que no se puede agradar a Dios cuando el corazón destila resentimientos.
En la familia vivimos a Dios en el gesto amable hacia el niño y la atención que se brinda al anciano, es una manifestación de lo divino desde la realidad imperfecta del ser humano que alcanza la plenitud dejando que Dios obre a través de él. (El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado. Mc. 9,37)
No hay mejor lugar para ser feliz que la familia, el niño pequeño descubre la ternura de un abrazo desde el vientre materno, pero este se convierte en expresión genuina cuando él mismo se arremolina sobre sus padres colmándoles de besos con esa inocencia casi divina del pequeño juguetón, para el cual sus progenitores son súper héroes solo por llamarse papá y mamá, con poderes tales como: curar el raspón en la rodilla con un beso o una caricia, sanar el corazón herido con un juego o una lluvia de cosquillas y más aún reconfortar con el solo recuerdo de saber que le esperan en casa.
Dios ha escogido revelarse a la humanidad como su Padre, naturalmente las personas encuentran en Él: sustento, seguridad, compañía, amor, corrección y el sueño de reencontrarse juntos en la morada celestial, donde el hombre mirándole cara a cara entenderá que ha vuelto a casa. Es debido a estas afirmaciones y otras muchas que la familia es fiel reflejo de Dios y merece ser defendida, protegida y animada frente a las múltiples asechanzas que en la actualidad se ciernen sobre ella, el compromiso que asumen los esposos cristianos es un reto abierto a una sociedad que demerita la fidelidad, la lealtad y el compromiso, implica también un esfuerzo mayor, educar a los hijos bajo este constante bombardeo ideológico y mediático que pretende relativizar los valores eternos de la familia.
En respuesta a la realidad actual, la familia requiere de rodillas fuertes que se atrevan a doblarse en oración, personalidades sólidas que ayunen para fortalecer el espíritu y voluntades inquebrantables que testifiquen con su estilo de vida esa armonía espiritual necesaria para ser sal y luz del mundo. El caminar cristiano de la familia no se limita a que sus integrantes porten una cruz sobre el pecho, va más allá, el cristiano tiene una forma particular de vivir, teniendo como esencia un amor auténtico, vivido desde la tolerancia y fortalecido con un compromiso diario, no se puede aspirar a una gran meta si no se está dispuesto a un gran sacrificio, un matrimonio duradero no es el final de un cuento de hadas es una realidad que se construye de forma habitual, inobjetablemente con Dios como centro y base de esa unión, donde Él es la piedra angular sobre la cual descansa la familia, pues no se puede construir la casa sobre la arena si se desea que perdure.
Existe una delgada línea entre lo placentero o divertido y la adicción o esclavitud, poder reconocer esa diferencia te ayudará a no caer en un abismo que puede destruirte junto con las personas que amas. A continuación, te propongo respondas estas sencillas preguntas:
¿Cuánto tiempo le dedicas al día a las redes sociales y cuánto a tu familia en calidad?
¿Te has vuelto dependiente de los “me gusta”, verificas constantemente cuántos llevas en cada publicación?
¿Tienes que esconderte para chatear, jugar o ver tus redes sociales y por qué?
¿Si te pidieran dejar por un mes tus juegos, redes sociales, chats y demás entretenimientos electrónicos lo harías?
Permíteme decirte que las respuestas a estas preguntas son muy reveladoras, te has puesto a pensar que el tiempo que te consumen estas diversiones pueden estarte robando la vida, la familia, el trabajo, tu salud y muchas más.
Hoy en día gracias a los avances de la tecnología contamos con una variada gama de dispositivos de comunicación y entretenimiento que hacen de las actividades lúdicas algo muy diferente a lo que estábamos acostumbrados en otros tiempos. Es común observar a las personas arqueadas sobre el celular, la tableta o el computador inmersos en un mundo cibernético, desplazándose a grandes velocidades sobre las autopistas virtuales, mientras disfrutan de un coloquio con personas de todo el orbe, en esta “realidad” no hay fronteras, la globalización ha llegado a niveles extremos ya que desde cualquier dispositivo fijo o móvil se puede observar cómo en otro continente un chef prepara algún platillo exótico totalmente en vivo, casi percibimos el olor y el sabor desde la pantalla, incluso podemos presenciar la final de alguna competición deportiva y sumarnos a cientos de millones de personas en torno a ese evento.
Lamentablemente esta inmediatez y disfrute tecnológico se han convertido para algunos en una trampa que no reconoce edades, clases sociales, nivel académico, características étnicas entre otras. Cada día es mayor el número de adictos a las redes sociales, juegos en línea y demás aplicaciones que atan a la persona a un aparato restándoles la posibilidad de percatarse que a su alrededor existe un mundo real con seres queridos que necesitan y claman por un minuto de su tiempo.
Algunos inician relaciones de amistad en línea que se vuelven abusivas, degradantes con consecuencias muy lamentables, en algunos casos destruyendo matrimonios por medio de aventuras electrónicas, exponiéndose por medio de videos de contenido privado a que su imagen y prestigio sean arrasados por una “cibercanita” al aire.
Los niños son conectados cada vez a más temprana edad a la chupeta electrónica creando en ellos serias dependencias que les afectarán toda la vida, ¿Qué le sucede a nuestra generación que no despierta? Embobados en una pantalla táctil niegan el abrazo, él te amo mirándonos a los ojos, los juegos a campo abierto con los niños, se está perdiendo el contacto físico a cambio de los “me gusta”, emoticones y otros muchas formas de dependencia a juegos que por horas y horas someten a la persona a un yugo que le priva de su propia vida, construyendo reinos fantásticos donde son gobernantes de grandes territorios, invirtiendo mucho dinero al comprar prestigio electrónico ufanándose algunos de sus miles de amigos para los cuales representan solo un número, una especie de autoengaño, ser popular en un mundo donde realmente no te conocen, incluso algunos alteran las fotografías de perfil para verse más jóvenes, delgados y hermosos, “vanidad de vanidades, todo es vanidad” cita el Eclesiastés, que vacío es el mundo real de aquellos que se jactan de sus posesiones y relaciones en las redes, desnudando sus carencias sin darse cuenta.
Los vicios son contrarios a la voluntad de Dios que desea tu libertad, entendiendo la misma no como libertinaje sino como hacer la voluntad de Él, libérate no te ates, has conciencia de si estás divirtiéndote o esclavizándote, solo tú puedes tomar la decisión, reconoce que necesitas ayuda y búscala pronto, mañana podría ser muy tarde.
“Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y pasan a ser una sola carne” Gn 2,24
Desde los primeros capítulos del Génesis Dios revela su plan para la humanidad y la unidad de los esposos en plenitud “una sola carne”. Frente a una sociedad de lo desechable un vínculo que profesa un “hasta que la muerte los separe” (1 Cor 7,39) resulta incomprensible, al punto que muchos cristianos incluso niegan “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” (Mt 19,6) afanados en hacer siempre lo que quieren mas no lo que deben.
Es comprensible que ante casos de violencia, agresión, abusos y demás irrespetos dentro de la unión conyugal una opción sea el separarse, queda claro que esta separación implica la permanencia en castidad para ambos esposos, de forma tal que si las diferencias resultan irreconciliables se proceda a proteger la seguridad física, psíquica y moral de los integrantes de la familia. Es un hecho que el vínculo pactado ante Dios en el matrimonio no se diluye, de ahí que la condición a la que se opta es a vivir en castidad.
Estas consideraciones pueden resultar extremas pero el mismo Jesús advierte a los fariseos que la única forma válida de separación se da cuando existe una “unión ilegítima” (Mt 19,9) “Con la palabra griega “porneia” (en hebreo “zenút”) se entendía la prostitución y toda unión incestuosa y, por tanto inválida” (P. Corral, Educación sexual en tiempos de SIDA, P. 34) en otras palabras dicha unión no se concibe como matrimonio pues no cuenta con la validez conferida en el sacramento.
En el Antiguo Testamento el profeta Malaquías acota “Odio el divorcio, dice Yavé, Dios de Israel y al que hace mal sin manifestar vergüenza. Tengan pues mucho cuidado y no cometan tal traición” (Mal 2,16). Referido con una claridad meridiana este profeta que vivió aproximadamente en el siglo V a.C. externa al pueblo de Israel algunos concejos, exhortándoles por su pecado y haciendo un llamado a la conversión, es sin lugar a dudas una realidad que todavía hoy se vive en medio del pueblo de Dios. Nótese que se habla de pecado, pero también de conversión, el Señor no es un condenador es un SALVADOR de ahí que llame a un cambio auténtico, comprendido desde el respeto al sacramento. En primer lugar, quienes gozan de la gracia matrimonial tienen el deber de proteger y resguardar el vínculo sagrado y quienes aspiran a vivir en esta condición la toma de conciencia de la indisolubilidad, requisito fundamental para dicha alianza.
San Pablo por su parte en la carta a los Efesios (5, 25-32) recuerda el carácter oblativo de la unión conyugal una donación recíproca que se gesta desde el amor auténtico, entendido como la caridad que procede de Dios y se esboza en la primera carta a los Corintios (1Cor 13) esta propuesta es ni más ni menos que un desafío para los cristianos de hoy, marchar contra corriente, vivir el perdón auténtico y no cosmético, es ir más allá de las apariencias y el qué dirán, implica una determinación de hacer lo correcto por amor a Dios, a uno mismo y por supuesto al conyugue.
Es el amor que une a los esposos, santificado, enriquecido e iluminado por la gracia del sacramento del matrimonio. Es una «unión afectiva», espiritual y oblativa, pero que recoge en sí la ternura de la amistad y la pasión erótica, aunque es capaz de subsistir aun cuando los sentimientos y la pasión se debiliten. (AL #120)
Los esposos se unen por amor, un ideal que sustenta el matrimonio, es necesario aclarar entonces qué es el amor y de qué manera se expresa, actualmente las diferentes ideologías, el consumismo, la globalización y otros muchos factores atentan contra el auténtico significado del amor, “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor”. (1Jn 4,8) La auténtica caridad evangélica tiene como sustento ese Amor-Dios inseparable que prefigura el amor conyugal.
Evidentemente es un reto de grandes proporciones que el mismo San Pablo desglosa en la primera carta a los Corintios, el amor procede de Dios porque debe ser paciente, servicial, decoroso, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, no es envidioso, no es jactancioso, no se engríe, no busca su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra de la injusticia y se alegra con la verdad. Sin duda esta dimensión de la caridad o amor perfecto de Dios es la hoja de ruta que conduce a un matrimonio hacia la indisolubilidad.
La espiritualidad de esta unión tiene como cimiente a Dios, sin Él nada sería posible, gracias a su presencia podemos trascender más allá de las vicisitudes propias de la vida y más aún de las grandes pruebas que en ocasiones deben enfrentarse y superarse. La espiritualidad conyugal es la unión de los dos con Dios, la gracia que ambos experimentan al estar unidos a Él, es signo inequívoco de perseverancia, perdón, cariño y sobre todo entrega. Los esposos que excluyen a Dios de su matrimonio para colocar en su lugar la posición social, las apariencias, los bienes materiales, los placeres entre otras excusas debilitan de manera significativa su relación.
Es ilógico pensar que un matrimonio es aquella relación donde prevalece el egoísmo, la indiferencia, la infidelidad, el resentimiento, odio, agresión en todas sus formas, entre otras muchas actitudes que degradan al conyugue.
Cuando se afirma que es oblativa alude a esa entrega por amor al otro, es una donación que brota de la ternura que se profesa a la pareja, cuando mirándose a los ojos se dicen “te amo”, cuando es un requisito antes de dormir darse un beso, o la salir por la calle le tomas de la mano y te sientes orgulloso de estar a su lado. La oblación se manifiesta incluso cuando las cosas van mal, estando rodeados de problemas los conyugues se arrodillan juntos para orar, fundidos en un abrazo se dan aliento, cuando todo está perdido están conscientes que se tienen el uno al otro y que Dios les sustenta, de ahí brotarán de forma natural y auténtica la amistad y la pasión erótica que también son necesarios para la felicidad de los esposos.
Finalmente, cuando en una relación matrimonial se pierde la ternura, unión afectiva, espiritual y oblativa, además de la amistad y la pasión debemos preguntarnos ¿Alguna vez estuvieron ahí?
¿Qué significa realmente buscar la felicidad?
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón”. Mt 6,19-21
Los tres falsos tesoros que dañan a una persona son las riquezas, vanidad y orgullo, si lo piensas por un momento son fantasías que encubren soledad y aislamiento de los otros partiendo del principio antropológico “Soy más yo en tanto me relaciono más con los otros”, preguntémonos, ¿será posible alcanzar la felicidad verdadera solo en las posesiones materiales? La respuesta es… ¡Definitivamente no!
Si miramos el entorno descubriremos que las personas que nos rodean conforman una gran riqueza y una joya de incalculable valor echemos un vistazo a tres grupos que nos rodean.
“La presencia del Señor habita en la familia real y concreta, con todos sus sufrimientos, luchas, alegrías e intentos cotidianos. Cuando se vive en familia, allí es difícil fingir y mentir, no podemos mostrar una máscara. Si el amor anima esa autenticidad, el Señor reina allí con su gozo y su paz. AL #31”
La familia es una fuente de felicidad auténtica, quienes no descubren esta riqueza seguirán metiendo artefactos en sus casas pensando que así edificarán un hogar, nos sentimos felices cuando nos aman y cuando amamos al prójimo estamos obsequiándole algo maravilloso, objetivo que no se logra con los bienes materiales, así nos han vendido la idea que para ser feliz hay que poseer, nada más falso, para ser feliz hay que amar.
En ocasiones las dificultades y pruebas tocan a la puerta, en estos momentos debemos reconocer que los más cercanos a nosotros sufren a nuestro lado, pero no perdamos la objetividad cuando estas situaciones nos aquejan recuerda podemos perderlo todo, pero nunca el amor a nuestros seres amados, el verdadero amor se perfecciona y se prueba en la dificultad, como el oro en el crisol.
Una persona promedio comparte con sus compañeros de trabajo un 37% del tiempo de su día vs un 5% que pasa con su familia (despierto) al cabo de una semana pasará 7 veces más tiempo con los colegas de la empresa que con su familia, ahora, si esas relaciones laborales son edificantes contribuirán mucho en mi realización profesional y humana, de este modo queda claro que las personas con las que me relaciono influyen mucho en mi felicidad entonces hazte una pregunta ¿Cuántos de ellos son un motor enviado por Dios para inspirarme a seguir adelante? No te apresures en responder, usualmente en el ámbito donde trabajamos no es fácil encontrar santos que nos ayuden a caminar hacia Dios, pero el Señor proveerá aquellos que sin saberlo contribuyan en tu desarrollo integral te den la mano en las dificultades o simplemente haciendo lo que deben te asistan de forma providencial. Es necesario abrir los ojos del alma para identificar a estos individuos, es un arte, pero si tu mirada busca lo bueno tarde o temprano descubrirá lo que anhelas.
Los grupos a los que estoy asociado son una fuente de inspiración y ánimo para alcanzar la verdadera felicidad, pero, ¿Qué pasa si no sucede así? Si nos involucramos con personas tóxicas el resultado es obvio termino intoxicado… Entonces cual es la receta para encontrar un grupo que me ayude a vivir saludable. Muy fácil, donde las personas son sanas, positivas, alegres, se preocupan por ti, te den su amistad sincera, entre otras. Parece imposible encontrar un grupo así, sabes que muchos han encontrado la felicidad con personas que tienen como prioridad a Cristo, es en la Iglesia donde puedes encontrar gente así, pero no te hagas falsas expectativas nadie es perfecto y tampoco los grupos de la Iglesia lo son, porque están llenos de gente imperfecta como tú y yo, lo importante es que luchan por ser mejores.
Finalmente te propongo que formes un grupo acorde a tus intereses, se reúnan un día a la semana para hablar de lo que les agrada y lo que les frustra, después, compartir un partido por la televisión o ir por un helado la cultura de grupo la crean los integrantes del mismo, atrévete a formar uno que te ayude a encontrar la verdadera felicidad y si no te atreves busca, esta vida no es para llaneros solitarios, todos necesitamos de otros y ellos requieren de ti.
Un amor fecundo es aquel que tiene la capacidad de dar frutos en abundancia.
Cuenta una historia que un campesino deseaba cosechar naranjas en la primavera, para alcanzar su objetivo tomó el árbol, lo limpió de impurezas, lo abonó y lo podó, esta última decisión es vital ya que la poda permite que el árbol haga más grueso su tronco, de ahí más nutrientes llegarán a sus ramas y la cosecha será mejor.
“Por eso el amor fecundo llega a ser el símbolo de las realidades íntimas de Dios”. (Amoris Laetitia 11) Para que un matrimonio produzca fruto abundante, requiere la capacidad de renunciar a todas aquellas cosas que le impiden crecer y robustecerse, es vital que los conyugues aprendan a confiar en Dios, que prefigura el matrimonio como la imagen de la Trinidad, solo en la estrecha unión encontrarán fortaleza y particularmente en la prueba es donde experimentarán esa indisolubilidad de aquel “sí” proclamado en el altar.
Cuando las dificultades azotan el matrimonio es el momento idóneo para determinar la fuerza de su tronco, es en ese momento cuando parece que todo está perdido, que los esposos se unen y estrechan más que nunca, aunque lo común sea que afloren las discusiones, descontentos y demás desafueros que pueden tirar por tierra la obra de Dios, la prueba no solamente medirá la fibra, sino que brindará esa fuerza necesaria para el futuro.
“Dios Trinidad es comunión de amor, y la familia es su reflejo viviente”. (Amoris Laetitia 11) Cuando el Papa Francisco recalca esta comunión de marido y mujer, comprendemos la divina riqueza del amor conyugal, esa entrega oblativa, don de Dios, condición sin la cual sería imposible perseverar en los diferentes tiempos que debe experimentar la familia, misma que no está constituida por las posesiones o bienes materiales, el amor recíproco es su gran tesoro, porque pueden perderlo todo… pero siempre se tendrán a sí mismos.
El reto de la familia de hoy es perseverar, pese a toda oscuridad que se avecine, aun cuando la noche está muy oscura Dios hace brillar el firmamento para hacerte recordar que no importa cuán difícil parezca la dificultad Él está por encima de todo y sigue nuestros pasos para sostenernos, aunque no sepamos que está a nuestro lado.
“Nuestros hijos conocen el verdadero significado de la felicidad, cuando valoran más lo que se es, de lo que se posee”. Una máxima como la anterior solo puede sustentarse en un verdadero hogar, no brota de forma espontánea, es el resultado de un constante trabajo donde enseñamos a nuestros hijos a valorar lo que es precioso y lo que no lo es.
“Es necesario desarrollar hábitos. También las costumbres adquiridas desde niños tienen una función positiva, ayudando a que los grandes valores interiorizados se traduzcan en comportamientos externos sanos y estables.”. (Amoris Laetitia #266)
Hablar de hábitos es aludir a la perseverancia, constancia, paciencia y a tener fe. Resulta imposible esperar que nuestros hijos maduren o cambien por arte de magia, es preciso invertir muchos abrazos, besos, juegos, lecturas por las noches antes de dormir y un sinfín de esfuerzos para que ellos no solamente nos escuchen decir cuánto los amamos, es justo que lo experimenten para que de esa forma puedan proyectarlo a los demás.
Una sana convivencia implica acercarme en el juego, la charla, interesarme por sus cosas y permitirle conocerme, que mire dentro de mí, como padres no podemos dejar que imaginen como somos, es muy útil mostrarles nuestro corazón, compartirles nuestros sueños y anhelos, señalar el camino a la meta sin que los llevemos de la mano, ellos deben caminar y tropezar, más aun se levantarán con las herramientas que les hayamos dado, anímalo desde la orilla, que sepa que estás ahí, que cuente contigo en todo momento pero consiente de que no estrás siempre, ayúdalos a sostenerse entre hermanos, que sepan darse la mano para cruzar el umbral de las vicisitudes de la vida, que sean agradecidos y que nunca se den por vencidos, ¡Nunca te rindas! Sigue adelante no será fácil pero la recompensa será mirarlos crecer felices.
Si por asomo estás pensando que se te hizo tarde, nunca es tarde, el poder de una oración, un abrazo, un beso en la frente es incalculable. Recuerda que al amar a nuestros hijos Dios está presente en esos gestos de entrega y sacrificio, no estamos solos, no olvides que Él también es Padre, de solo pensar en lo que sintió al ver a su hijo cayendo camino al Gólgota, al mirar cómo le clavaban al madero, hasta escucharlo decir “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”, la sola escena de ese Padre impotente frente a la cruz por amor a nosotros, desgarra las fibras interiores de nuestro ser, Dios que todo lo puede, comprende que el sacrificio de su Hijo es insustituible, es el momento donde todo tiene sentido.
Ser padres o madres no es tarea fácil, mostrar las verdaderas riquezas frente a un mundo materialista y superfluo resulta desafiante, ser felices implica un reto, más aun mostrar el camino a la felicidad involucra el esfuerzo de toda una vida, debes tener la certeza de que tu tarea es extraordinaria y que trascenderá los tiempos, más allá de ser la foto en el fondo de pantalla, conviértete en el modelo a seguir, que doble las rodillas a tu lado cuando todo está mal, pero que también salte contigo en el regocijo de que se ha superado la tarea, alégrate, ser papá o mamá es el mejor trabajo del mundo.